Casas Rurales Candeleda

Ofrecemos en alquiler dos casas rurales en Candeleda (Ávila) para tus vacaciones, situadas en la misma finca, ambas con mucho encanto como se puede ver en las fotos. Estamos situados en plena Sierra de Gredos, y al comienzo de la Vera.

El Carrascal te brinda, en un ambiente tranquilo y acogedor, cuidado hasta en sus más pequeños detalles, un alojamiento exclusivo y muy especial.

Las casas rurales distan un kilómetro del casco urbano de Candeleda y están situadas en un enclave fascinante, en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, donde la naturaleza se manifiesta singularmente espléndida.

La finca consta de dos casas rurales independientes con un jardín de más de 3.000 metros cuadrados con distintos ambientes, barbacoa y un gran piscina.

Estamos seguros de que disfrutarás mucho redescubriendo este “Arca de Noé”, donde podrás practicar múltiples actividades en este singular espacio natural: golf, paseos a caballo, parapente, descensos en canoa, senderismo y visitar lugares tan interesantes como el Castro Celta del siglo II a.c, el museo Etnográfico de Candeleda y el impresionante Santuario de la Virgen de Chilla, el Museo de la Abejas de Poyales del Hoyo, el Pantano del Rosarito o la ruta de Carlos V que cruza toda la Vera Extremeña.

La localidad de Candeleda disfruta de un microclima apacible con inviernos más cortos y suaves que en la meseta castellana. Claramente orientada al mediodía está resguardada por la Sierra, que a modo de pantalla frena el aire frío y húmedo del norte, permitiendo la influencia de poniente por lo que las principales lluvias llegan procedentes del suroeste, del Golfo de Cádiz. El clima puede calificarse en la zona baja de mediterráneo templado con variedades de alta montaña en las zonas elevadas. Por este clima tan benigno (la temperatura media anual ronda los 1 5 ) ha recibido en ocasiones Candeleda el sobrenombre de “Andalucía de Ávila” o el “llevante de Castilla”.

Candeleda es un destino óptimo para el turismo rural en cualquier época del año: en otoño, sus pinares, robledales, encinares, castañares y enebrales ofrecen un fantástico espectáculo de colores que se suma a su riqueza micológica; en invierno el humo y olor de los hogares completan la estampa de sus cumbres siempre nevadas; la primavera supone una auténtica explosión de la naturaleza y en el verano la abundancia de agua y el frescor de sus gargantas son un refugio ideal para hacer frente a los rigores de la canícula.